Cuentan Por Ahí

En El Hoyo Merriam

“En una noche de mayo de 1990, en la ciudad de Tegucigalpa, entre el olor de la basura, los graffitis y la oscuridad de la noche, se escucharon los gritos despavoridos de un hombre que iba caminando a las 2:45 de la madrugada por el Hoyo de Merriam.

 

Algunas personas que iban caminando por ahí se acercaron para saber a qué se debía tanto alboroto y ayudarle al hombre. Decían que el hombre temblaba, se agachó, cubrió su cabeza con las manos y no dejaba de repetir “¡la vi, la vi!, ¡vi a la mujer!”. Quienes estaban cerca de él sintieron que un escalofrío les recorrió la nuca, otros escépticos decían que estaba borracho o que seguro había consumido alguna sustancia que lo hizo alucinar. Aunque lo de la mujer del puente no era nada nuevo para algunos, porque era como una especie de secreto a voces.

 

No se supo más sobre aquel hombre después de que la policía se lo llevara por supuesto escándalo público. Aunque una cosa sí era cierta: después de esa noche, nada volvió a ser igual en ese lugar.

 

Cuentan por ahí que se hicieron distintos reportes de personas que pasaban por esa calle a altas horas de la noche, que alegaban ver a una mujer que usando ropa victoriana y desaparecía justo debajo del puente. Quienes lograban procesar mejor sus palabras después de haber presenciado su aparición, describían más rasgos de la misteriosa figura. Decían que tenía los ojos rojos y que se escuchaba su voz pero no entendían lo que decía. Algunos que se creyeron valientes decidieron seguir caminando para ignorarla, que cuando
pasaban a su lado experimentaron una pesadez en su respiración y llegaba un momento en el que se paralizaban. Únicamente quienes habían escuchado sobre esa leyenda decidían no pasar por la plaza, sabían que no debías cruzar por ese puente después de las 11 de la noche.

 

Con el paso del tiempo, algunos especularon que esa mujer era Celestina Mijangos, la difunta esposa de Marco Aurelio Soto, quien tuvo algunos inconvenientes adaptándose a la sociedad hondureña de los años victorianos, pues era extranjera y no se sentía bien viviendo en la capital. Muchos decían que ella era un alma perdida que deambulaba en la Plaza de los Dolores, que ella cuidaba algo en ese puente y otros decían que esperaba a
alguien.”

Este relato nos lo compartió la gran escritora Heidy Georgina, muchas gracias por ser parte de este segmento .

 

No te quedes sin compartir tus historia y relatos, que todos en Honduras sepan y disfruten lo que Cuentan por ahí…

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