Cuentan Por Ahí

En El Cine Aries y Tauro

Hace ya varios años, con una amiga mía y yo decidimos hacer espiritismo por primera vez, ya que nunca antes nos habíamos atrevido a hacerlo. Llamamos a otras dos amigas para que nos acompañaran, ya que a mí me habían dicho que probablemente con solo dos personas sería más difícil que pasara algo.

 

Estudiábamos en el Central, así que era muy fácil escaparnos un poquito para jugar. Nos costó trabajo convencerlas, pero al final cedieron. Lo preparamos todo y, un poco asustadas, comenzamos a hacer la ouija.

 

 

Durante la sesión, una de las compañeras a las que habíamos llamado dijo: “Ya me voy, parecen tontas con eso” no parecía asustada, pensamos que como vivíamos hasta el centro mejor se iba por la hora. Nosotras nos asustamos un poco y decidimos dejarlo para otro momento.

Logré alcanzarla para irnos en el mismo bus, ella vivía a unas casas del Cine Aries y Tauro y yo en El Bosque, así que logré sentir menos miedo con su compañía.

Recién llegando a la casa, creí que mi mamá me regañaría por lo tarde, pero más bien me dijo que mi compañera me había llamado a la casa, esto se me hizo súper extraño porque apenas unos minutos que nos dejamos de ver; le regresé la llamada y mi compañera estaba aterrorizada, comenzó a decir que camino a su casa después que nos separamos, al pasar por enfrente del cine, una niña vestida de blanco le había pedido que jugara con ella. Mi amiga le dijo que no podía ya que tenía prisa por llegar a su casa, y acto seguido, la niña comenzó a llorar y llorar y ella jura que la miró con lágrimas de sangre. Mi amiga salió de allí corriendo y al llegar a casa fue cuando me llamó. Hasta ahí fue lo que me contó. En un principio me lo tomé a broma, pero algo me hacía pensar que mi amiga hablaba muy en serio.

 

En mi cuarto comencé a darle vueltas al asunto y me acordé que cuando hacíamos esto del espiritismo, ella se fue de mala manera, lo cual entiendo que no teníamos que hacerlo. Pensé que no tendría nada que ver y me dormí. Al día siguiente, un sábado, esa misma amiga me llamó porque iba a quedarse sola en su casa porque sus papás viajarían y tenía miedo de estar ella ahí, así que decidí acompañarla ya que yo también tenía curiosidad de su historia. Agarré el bus y, ya en su casa, nos pusimos a estudiar y platicar.

 

De repente, oímos a nuestra espalda un ruido como de arañazos. El corazón me latía muy rápido y le tome la mano para estar juntas, la pared estaba totalmente aruñada y no sabíamos que era. Para colmo, empezó a llover, tratando de tomar las riendas de la situación, me acerqué a la ventana para cerrar las cortinas y estaba una niña parada justo afuera. Le grite a mi amiga, ella grito y comenzamos a entrar en pánico, llamé a mi casa que vinieran por mi y mi mamá asustada creo que salió de prisa a buscarnos.

 

Tocaban la puerta de una manera súper violenta y la niña se reía y se reía, yo no paraba de llorar.

 

No aguantamos y salimos corriendo de la casa para llegar al centro y estar con más gente, pero cuando íbamos pasando justo al frente del cine, mi amiga se desmayó, yo grite desesperada y cuando trataba de despertarla, la niña sacó su mano por en medio de la rendija y comenzó a sobar a mi amiga, me quede congelada viéndola y me preguntó “¿Querés jugar conmigo?” y ahí me desmayé.

 

Un rato después, la policía nos encontró cerca de una quebrada, no sabemos cómo ni que pasó, cuando contamos todo lo que había pasado, nadie nos creyó, hasta al psicólogo nos mandaron y nunca nos creyeron.

 

Esto se hizo un chisme grande de pueblo, toda la gente nos tachaba de locas y nuestros compañeros nos hacían bromas dejándonos notitas en la mochila diciendo “¿Querés jugar conmigo?” fueron muy crueles, pero, aunque ellos nos molestaran, a veces siento que es la niña del cine quien nos deja esa nota todos los días en la mochila.

 

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