Cuentan Por Ahí

En la Iglesia Los Dolores

Era la 1 de la mañana, caminaba por una helada Tegucigalpa con vientos de octubre, tenia los dedos congelados y caminaba lo mas rápido posible para llegar pronto a mi casa. 

 

Cansado, apenas llegaba a la plaza de los Dolores y me percate que habían cantos, un sonido casi celestial que asumí venían de la iglesia. 

Me extraño mucho por la hora, seguro es un vigilia, pensé.

 

Me sentí muy extrañado, mi mamá es una señora muy católica y seguro de haber vigilia me hubiera dicho que viniéramos.

 

Total, seguí caminando y ganándome la curiosidad, me dirigí a la iglesia para ver que celebraban, ya luego le contaría a mi mamá. 

 

Aquella iglesia estaba en penumbras, que oscuridad tan densa se encontraba en ese lugar, pero los cantos cada vez eran mas dulces y me envolvían en paz. Entré por la nave central y se miraba como resplandecía una cálida luz desde la nave derecha, recuerdo que ahí se encontraba el santísimo, la curiosidad me ganaba mas porque no miraba gente, ¿por que la iglesia seguía abierta? ¿Estarán robando?. Pues me acerque mas para llevarle el chisme completo a mi mamá. 

 

Caminaba despacio y sin emitir ningún sonido mas que el de mi respiración, entre más cerca, más me temblaban las canillas, pero pensaba más en la premisa de ver que pasaba.

Llegué al santísimo, estaba lleno de luz rodeado por una cadena de velas, me parecía algo cargado de las mismas. Empecé a sentir temor, no había nadie, absolutamente nadie, solo estaba yo frente al retablo que envolvía a la virgen del Fátima rodeado por basta cantidad de humo, velas y calor. 

 

Tantas preguntas pasaban por mi cabeza, pero la primera de todas, persistía ¿Y esos cantos?, trataba de buscarle lógica a todo para no sentirme como un güirro asustado, seguí avanzando hasta quedar aun mas de frente con el retablo.

 

Ahí era el momento en que tuve que irme pero no lo sabia aun, el frio me invadía la nuca, sentí como se me paraban los pelos desde la punta de los pies hasta la cabeza, se apagaron tres velas a mi derecha y me asusto lo abrupto que esto fue, de impacto mire en esa dirección y me asuste cuando note que una de las pinturas me estaba mirando. ¡Que pendejo! me dije, todas las pinturas tienen ese efecto, parece que sus ojos te siguen y fue ahí cuando regrese la vista al retablo, ahí estaba ella, mirándome directamente a los ojos, quise gritar y no pude, estaba congelado mientras ella me sonreia y me miraba haciendo movimientos leves en su sonrisa.

 

¡Estoy loco! eso pensé, como una escultura haría esto, fue hasta que movió su mano que grite con el temor que recorría todo mi cuerpo, empecé a correr a la salida mientras lloraba y lloraba, atrás de mi, venían, carcajadas de niños venían hacia mi, yo no quise ver, solo quería salir.

 

No me detuve a ver en ningún instante hacia atrás, corrí y corrí hasta llegar a mi casa, llorando fui en busca de mi mama para contarle, mas mi sorpresa fue lo que vi al entrar al cuarto de mi mamá. La encontré rezando el rosario, me quede perplejo cuando me dijo “Hijo vení recemos, hoy empieza la novena de la Virgen del Fátima, es la virgen de las apariciones” .

 

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