Cuentan Por Ahí

En Roatan

“Cuentan por ahí que una vez había un ingeniero que estaba supervisando un
proyecto en Roatán, Islas de la Bahía.

 

Todos los días se dirigía a la parte
donde estaba ubicada la construcción en proceso, que por supuesto no se encontraba en la parte turística de la isla.

El ingeniero se levantaba temprano, tomaba la calle de tierra que lo llevaba a la construcción y regresaba por el mismo camino cada noche al hotel donde se hospedaba.

 

Una noche al volver, como a eso de las nueve, el ingeniero venía conduciendo solo en su auto por la carretera de tierra, y no se veía ningún otro auto que viniera en el camino detrás de él ni en sentido contrario.

Era una noche oscura, sin luna, y apenas alcanzaba a ver gracias a las luces de su auto. Cuando de repente vio reflejada en el espejo retrovisor la imagen de una mujer y un niño que venían caminando a un lado del camino. A él le extraño verlos caminando solos y a esa hora por
este camino tan apartado.

 

Decidió detener su auto y esperar que ellos lo
alcanzaran para ofrecerles jalón. Esperó algunos minutos, y al no escuchar nada, decidió ver hacia atrás y no vio a nadie. Entonces pensó que ellos habrían tomado un atajo o habían entrado a alguna casa que el no hubiera visto debido a la oscuridad de la noche.

 

Siguió su marcha, y al poco tiempo volvió a mirar por el espejo retrovisor, viendo de nuevo a la mujer y al niño caminando a la orilla del camino. 

Volvió a detener el auto, y esta vez determinó seguir el avance de las figuras en el espejo retrovisor a modo de darse cuenta en qué momento se acercaban al auto. Pasaron varios minutos y al observar que las figuras se movían pero que nunca llegaban, miró hacia atrás y no vio a nadie. Asustado, miró de nuevo el espejo retrovisor, y seguía viendo las dos figuras que caminaban juntas. De inmediato arrancó el auto y aceleró para cruzar la carretera lo más rápido posible, evitando mirar el espejo retrovisor el
resto del camino.

 

Logró llegar al hotel temblando todavía del miedo, sin poder creer lo que le había sucedido. Desde entonces, cada noche, volvía al hotel manejando a gran velocidad sin detenerse a observar el camino ni los espejos de su auto.”

 


Agradecemos a Reina Orellana por compartirnos esta gran historia y su gran apoyo. Les invitamos a enviar sus relatos al correo mjmartinez@min.hn para que todos conozcamos sus los cuentos y leyendas que se esconden y cuentan por ahí.

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