Cuentan Por Ahí

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Cuentan por ahí en Olancho...

“Salimos un día de Tegucigalpa de camino a Olancho a la feria del Coyol que se celebra en el municipio de Santa María Del Real, casi con un mes de anticipación, aprovechando las vacaciones de ese momento, decidimos con mis amigos acampar en lo que llegábamos a la feria.

 

Ingresamos de primera en Concordia, un pueblo maravilloso que nos atrapó mucho, decidimos sin pensarlo tanto quedarnos la primera noche ahí.

Me quede cerca de la alcaldía en un bello parque comiendo charamuscas con uno de mis amigos, mientras que el resto del grupo realizaban compras de lo que cenaríamos esa noche. Estando en el parque unos niños jugaban y platicaban, y mientras los observamos uno le gritó al otro: “vas a ver que te van a salir las viejas de las piedras”, el otro niño reía y le decía que él vivía más cerca, que le saldrían a él. Me dio tanta curiosidad esto ya que disfruto mucho de todo lo que pueda causarme miedo, me acerqué al niño y le pregunté sobre esas viejas, justo en esta conversación llegó su abuelo por él y le pregunté sobre esto mismo, el señor empezó a reírse mucho y me hizo la historia:

“En Pedernales, una aldea de aquí cerca, dicen que en la montaña que queda cerca de la laguna, vivían apenas unas pocas familias, todas las casas son lejos una de otra y había un condenado que tenía dos mujeres engañaditas, pasaba con las dos y aquellas ni cuenta se daban, pues resulta que al viejo este, se le encontraron las mujeres y que lo fueron siguiendo hasta la montaña para matarlo a machetazos, en la correteada aquella que lo agarran las viejas y lo hicieron trocitos, estaba cayendo un aguacero perro y Dios los castigó con un rayo a los tres, cuando ya los fueron a buscar, encontraron al viejo todo picado y dos piedras encima de él que se quejaban”. En ese instante me comencé a reírme con la historia que el señor me estaba contando, le pedí detalles del lugar y sin decirles a mis amigos los convencí de dormir en esa montaña.

Nos fuimos de jalón y en mi mente iba riéndome de todo, para contarles en la noche la historia y buscar asustarlos, pues así hicimos, subimos la dichosa montaña y realmente no vimos nada temprano, comenzó a caer la noche y empezamos a preparar las tiendas y la fogata. Pues ya instalados, empezó la historia, la relaté nos reímos y poco a poco, caímos dormidos.

En la madrugada, no tengo ni idea que hora era, empezó un frio horrible que me despertó, empecé a buscar mi suéter y salí a orinar, en mi sorpresa, comenzaron quejas y gritos, se escuchaban a lo largo pero desgarradores que me empecé asustar, desperté a uno de mis amigos, pero al final que todos nos despertamos y los gritos si estaban ahí, cada vez más cerca y más fuertes, como si vinieran a nosotros, entramos mucho en pánico y quisimos agarrar todo e irnos, bajamos corriendo y dimos de golpe con dos piedras enormes que estaban casi como que puestas a propósito en el camino, estas se quejaban y lloraban, yo no aguanté lo que estaba viendo, las piedras casi que tenía caras y terminé por desmayarme.

Desperté en una casa, donde me cuentan mis amigos que nos recibieron después del susto, les contamos a la familia sobre lo sucedido y entre risas y moradas, nos dijeron que habíamos visto a las viejas de las piedras.”

 

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